Un cortometraje íntegro con IA llega a WAIFF: innovación que exige reglas
Un cortometraje de seis minutos hecho íntegramente con IA fue nominado en la segunda edición del WAIFF, un fenómeno que plantea dilemas técnicos, ambientales y regulatorios.
Un cortometraje animado de poco más de seis minutos, ‘The Black Swan Event’, íntegramente generado con inteligencia artificial y dirigido por Pedro B. Abreu, fue nominado al premio a la ‘mejor primera película’ en la segunda edición del Festival Internacional del Cine con Inteligencia Artificial (WAIFF). Según EFE/Infobae, el WAIFF recibió más de 5.000 películas procedentes de 80 países en esta edición, y la pieza compite con otras cuatro producciones en su categoría.
¿Qué significa que una película íntegramente hecha con IA obtenga una nominación?
Que una obra breve —el corto dura poco más de seis minutos, según la nota de EFE/Infobae— consiga espacio en una vitrina internacional obliga a repensar tres cosas: la herramienta, el relato y los costos. Desde lo técnico, la IA permite ensamblar planos y mundos que antes requerían recursos financieros y logísticos muy superiores; según el director, la herramienta hizo viable narrativas con saltos entre universos que a nivel presupuestario habrían sido inviables. Desde lo profesional, esto abre debates sobre autoría, reparto de ingresos y la posible sustitución de tareas creativas intermedias. Desde lo ambiental, no es irrelevante: estudios académicos han estimado que entrenar grandes modelos puede generar huellas de carbono importantes —por ejemplo, Strubell et al. (2019) estimaron emisiones equivalentes a aproximadamente 284 toneladas de CO2 para ciertos entrenamientos de gran escala—, lo que obliga a integrar el costo energético en cualquier evaluación.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
Vemos dos efectos inmediatos. El primero, positivo: herramientas accesibles reducen barreras de entrada, permitiendo que creadores con presupuestos acotados experimenten y compitan en circuitos internacionales; la nominación de Abreu es un ejemplo de ese acceso. El segundo, confuso: sin reglas claras sobre financiación, derechos y transparencia, los incentivos pueden distorsionarse. Si programas públicos o privadas adjudican fondos a proyectos con IA sin requisitos de datos abiertos o auditoría, se crean oportunidades para la captura del Estado y el rent-seeking por parte de grupos organizados. Sobre esto no hay cifras públicas consolidadas en Argentina sobre montos específicos destinados a proyectos con IA en cultura; esa ausencia es en sí misma un dato relevante que exige corrección mediante registros públicos y rendición de cuentas.
¿Qué reglas y protocolos hacen falta ahora?
No se trata de frenar la experimentación sino de encuadrarla. Proponemos tres medidas mínimas: 1) exigencia de transparencia documental para proyectos que reciban fondos públicos: listado de modelos, origen de datos y licencias; 2) reporte de consumo energético y evaluación ambiental básica adjunta a la solicitud de financiamiento —si la IA tiene costos significativos de entrenamiento, deben contabilizarse—; y 3) auditorías independientes y accesibles al público para evitar conflictos de interés y captura. Estas exigencias no son utópicas: ayudan a resolver la dispersión del conocimiento y a mitigar la pretensión de quienes creen poder decidir qué es cultura desde un escritorio. En términos prácticos, una política pública responsable debe requerir datos abiertos sobre adjudicaciones y un registro público de obras con IA para permitir evaluación comparativa y auditoría social.
La nominación de ‘The Black Swan Event’ muestra que la industria creativa está entrando en una nueva fase. Celebramos el ingenio del director y la vitalidad experimental que la IA facilita, pero insistimos: sin protocolos públicos, datos abiertos y auditorías independientes, la innovación cultural puede convertirse en una fuente de consecuencias no intencionadas y captura. Como advertía Hayek, la pretensión de conocimiento centralizado suele fallar donde opera la complejidad; por eso necesitamos reglas que permitan la experimentación sin regalar el espacio público a intereses privados.