Petro en la FILBo: “el poder es una droga” y el valor de la memoria escrita
En la presentación del libro de Claudia Sheinbaum en la Feria del Libro de Bogotá, Gustavo Petro defendió la temporalidad del liderazgo y la descentralización, y reivindicó la memoria escrita como herramienta democrática.
Gustavo Petro afirmó que “el poder es una droga, transforma a la persona” durante la presentación del libro “Diario de una transición histórica” de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo), el 29 de abril de 2026 (EFE/Infobae, 30/04/2026). La frase sintetiza la preocupación por la concentración prolongada de poder y conecta la anécdota personal con una demanda institucional: que los liderazgos sean temporales y sometidos al control ciudadano. Ese gesto público —un presidente hablando sobre el carácter corruptor del poder en un escenario cultural— merece ser leído en dos planos: como acto simbólico y como invitación a transformar símbolos en políticas sostenidas.
¿Qué dijo Petro y por qué importa?
En el conversatorio Petro subrayó dos ideas centrales: la temporalidad de los liderazgos y la necesidad de que la democracia sea ejercicio cotidiano de la sociedad, no la sumisión a figuras individuales (EFE/Infobae, 30/04/2026). Al defender la descentralización y la documentación escrita de procesos políticos, vinculó la política pública con la formación de memoria colectiva: “si no hay entrega de un testimonio, pueden tender a repetirse los mismos errores” (EFE/Infobae). Ese llamado encuentra apoyo en datos elementales de la institucionalidad regional: la Presidencia de México registra que Claudia Sheinbaum asumió el cargo el 1 de diciembre de 2024, por lo que llevaba aproximadamente 16 meses en el ejercicio del poder al 29/04/2026 (Presidencia de México). Petro, por su parte, asumió el 7 de agosto de 2022, lo que representa alrededor de 44 meses en la conducción del Estado colombiano al mismo corte (Presidencia de Colombia). Esos números no son retórica: muestran la diferencia entre trayectorias personales y la necesidad de reglas e instituciones duraderas.
¿Por qué la presencia de presidentes en una feria del libro no basta?
La fotografía política —un presidente en un escenario cultural— funciona como catalizador simbólico. Sin embargo, la eficacia cultural requiere infraestructura: archivos accesibles, políticas de traducción, editoriales profesionales y mediadores formados. No es casual que la discusión sobre temporalidad invocara las constituciones: México establece un mandato presidencial de seis años sin reelección (Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos), mientras que Colombia dispone de un período de cuatro años para la presidencia (Constitución Política de Colombia). Esas diferencias legales influyen en cómo se estructuran los incentivos políticos, pero no reemplazan la necesidad de inversión sostenida en oficio editorial y curaduría filológica. La presencia del poder en una feria puede fomentar el debate; la que falta es una política pública que garantice que esos debates se traduzcan en colecciones, traducciones y programas de formación que pervivan más allá del ciclo de un mandatario.
¿Cómo convertir la anécdota en política cultural duradera?
Si aceptamos que los testimonios escritos son herramientas para evitar la repetición de errores —como dijo Petro sobre el valor de dejar memoria— la pregunta siguiente es administrativa: quién preserva, edita y difunde esa memoria. Recomendamos tres líneas de acción concretas: 1) financiar curaduría filológica y archivos públicos que aseguren ediciones críticas; 2) fortalecer el oficio editorial independiente mediante incentivos no condicionados y programas de formación profesional; 3) crear redes de mediadores culturales y bibliotecarios con formación específica para llevar esos testimonios a escuelas y comunidades. Estas medidas no dependen de la buena voluntad de un presidente; requieren presupuesto, formación y continuidad administrativa. La presencia de Petro y Sheinbaum en la FILBo es útil como escena pública, pero solo la institucionalización de estas políticas convertirá esas palabras en patrimonio público sostenible (EFE/Infobae).