Se confirmó que el óleo conocido como “Retrato de una dama” encontrado en una casa de Mar del Plata forma parte de la colección del marchante Jacques Goudstikker expropiada por el régimen nazi en julio de 1940, según el informe técnico-histórico de la DAIA y la pericia de la Academia Nacional de Bellas Artes. Esta constatación conjuga identificación documental y peritaje científico y coloca el caso en la larga geografía de restituciones internacionales.

¿Qué se encontró y cómo se comprobó?

La obra, primero atribuida a Giuseppe Ghislandi y finalmente identificada como un óleo de Giacomo Antonio Melchiorre Ceruti, fue localizada en fotografías de un aviso inmobiliario en agosto de 2025, de acuerdo con la investigación del diario neerlandés Algemeen Dagblad (AD). La Justicia solicitó informes y la Academia Nacional de Bellas Artes realizó una pericia que, según fuentes judiciales citadas en la nota, confirma la pertenencia a la colección Goudstikker expropiada en julio de 1940 (según el informe de la DAIA). Además, la cadena de custodia señalada en la causa incluye a Friedrich Kadgien, funcionario nazi que habría llevado la obra a Argentina y falleció en 1964, según los registros citados por el expediente.

¿Por qué importa esto para nuestro patrimonio?

Vemos en este hallazgo una doble dimensión: la restitución de un objeto y la discusión pública sobre la vigilancia del mercado y las colecciones privadas. El informe de la DAIA, entidad que agrupa a 140 instituciones en Argentina según su propio comunicado, aporta contexto técnico sobre el expolio de los Goudstikker; y la identificación en agosto de 2025 remite a una ausencia prolongada: la obra habría permanecido fuera de su colección original aproximadamente 85 años (1940–2025), según las mismas fuentes. A casi un año del descubrimiento periodístico, el caso expone la fragilidad de inventarios y la necesidad de procedimientos claros para la detección, registro y restitución de bienes culturales.

¿Cómo impacta esto en la restitución de obras robadas en Argentina?

El episodio no es sólo anecdótico: pone en evidencia vacíos institucionales que facilitan la permanencia de piezas disputadas en colecciones privadas. Si bien la participación de la Justicia y de peritos especializados es positiva, la experiencia muestra que la detección suele depender de hallazgos fortuitos —en este caso, un aviso inmobiliario detectado por la prensa neerlandesa— y no de mecanismos sistemáticos de control. Además, la presencia en Argentina de bienes trasladados por individuos como Kadgien —quien murió en 1964, según el expediente— obliga a confrontar archivos, registros aduaneros y sucesiones; es decir, procesos que requieren recursos humanos y técnicos sostenidos.

Qué deberían hacer las instituciones y qué pedimos a la política cultural

Sostenemos que la restitución efectiva exige convertir gestos en políticas sostenidas: profesionalizar la curaduría y la catalogación, formar mediadores culturales y establecer redes de cooperación internacional para el intercambio de información. Recomendamos, en primer lugar, crear registros públicos accesibles y sistemas de alerta que integren inventarios de museos, archivos judiciales y plataformas inmobiliarias; en segundo lugar, dotar de recursos para peritajes científicos continuos; y, en tercer lugar, promover convenios bilaterales que agilicen procesos de repatriación. Estas medidas, coherentes con nuestra posición previa sobre invertir en curaduría filológica y oficio editorial, transformarían detecciones aisladas en políticas institucionales sostenibles.