La Feria del Libro de Buenos Aires del 1 de mayo funcionó, otra vez, como un termómetro: jóvenes en filas largas, best sellers que llenan salas y presentaciones que convocan a audiencias masivas. Que Leonardo Padura hablara frente a 330 personas sentadas (y más de pie) y que Felipe Pigna presentara ante unas 1.000 personas son datos medibles que confirman una verdad básica —la feria atrae público— pero no la única que importa (Fuente: La Nación, 2/5/2026). Vemos además un elemento temporal simbólico: Padura contó que vino por primera vez en 1994; 32 años después la feria sigue siendo un punto de encuentro clave entre autores y lectores (Fuente: La Nación, 2/5/2026).