Cavallo marca el talón de Aquiles: ¿hay reservas para bancar el plan libertario?
Cavallo advirtió que el BCRA no tiene reservas netas suficientes —dice que hacen falta US$10.000 M— mientras el Central compró más de US$7.000 M este año y lucha por superar US$46.000 M brutos (según el BCRA).
Se trata de una advertencia concreta: Domingo Cavallo dijo que sin US$10.000 millones netos de reservas el Banco Central no podrá parar una corrida, y esa señal desnuda la mayor vulnerabilidad del plan económico actual (dicho por Cavallo en AhoraPlay). Esta afirmación no es un exabrupto táctico: toca el corazón de la capacidad de intervención cambiaria y arrastra consecuencias políticas y sociales de gran alcance.
¿Qué dijo Cavallo y por qué duele?
Cavallo afirmó que “no vas a parar una corrida cambiaria si no tenés reservas” y precisó que harían falta US$10.000 millones netos para tener margen de acción (entrevista en AhoraPlay). Esa frase duele porque convierte un debate técnico en un arma política: expone la fragilidad del plan y obliga a decidir entre liberalizar el cepo ahora o acumular reservas para poder hacerlo después. El golpe no es sólo intelectual: es electoral. Si el mercado interpreta que no hay capacidad de defensa, sube el riesgo país y se encarecen los costos de financiamiento. La discusión deviene, entonces, en una pulseada entre credibilidad técnica y factibilidad política, donde los números son la única lengua aceptable.
¿Hay reservas suficientes para defender el tipo de cambio?
No hoy. Según datos oficiales del Banco Central, en lo que va del año el BCRA compró más de US$7.000 millones (según el BCRA) y opera con alrededor de US$46.000 millones de reservas brutas (según reportes del BCRA citados en la cobertura). El Gobierno y el Fondo acordaron una meta adicional de US$8.000 millones para fin de año dentro del programa con el FMI (según el acuerdo con el FMI). Cavallo contrasta esos números con su umbral operativo de US$10.000 millones netos: la diferencia entre compras acumuladas y la cantidad necesaria para enfrentar una corrida habla de una fragilidad real y medible. No es sólo semántica: la distinción entre reservas brutas y reservas netas (considerando reservas líquidas y obligaciones) cambia el diagnóstico y las opciones.
¿Qué implica esto para la economía y la sociedad?
Si no hay margen para intervenir, la política cambia: se debe restringir la cantidad de pesos circulando para minimizar el riesgo cambiario. Eso explica por qué la lógica monetaria del plan libertario empuja a una contención del circulante que, en la práctica, traba la recuperación. Menos pesos líquidos disponibles complica la demanda interna y, por ende, la creación de empleo formal y el poder de compra de salarios y jubilaciones. Además, sin reservas sólidas no se reduce automáticamente el riesgo país ni se vuelve fácil el acceso voluntario al mercado internacional. El desenlace posible es político: elecciones en octubre de 2027 con una economía que aún no mostró anclaje creíble, y con la posibilidad real de que la promesa de normalización no llegue a comprobarse en la vida cotidiana.
Qué exigimos: transparencia, auditoría y debate
No alcanzan los tuits ni los dimes y diretes del Quinto Piso: ante una fragilidad que lo condiciona todo, exigimos la publicación de los expedientes y de las metodologías del BCRA, la puesta a disposición de microdatos sobre compras y pasivos, y una auditoría independiente sobre el estado real de las reservas (exigencia coherente con nuestras posiciones previas sobre transparencia fiscal y económica). Además, reclamamos debate parlamentario para someter a escrutinio cualquier decisión que implique liberalizar el cepo o sacrificar stock de reservas. Si la discusión es técnica, que sea transparente; si es política, que sea democrática. No hay política económica creíble sin rendición de cuentas ni sin datos claros que permitan a la sociedad evaluar riesgos y costos.