Capello y la promesa de un dólar más bajo: ¿es creíble la transición 2028?
El IERAL proyecta que energía y minería reducirán el tipo de cambio desde 2028; el desafío es la transición, las reservas y la credibilidad fiscal.
La propuesta central de la nota es directa: según el IERAL y Marcelo Capello, el desembarco pleno de las exportaciones de gas licuado y el auge minero harían que “en 2028 el dólar sea más bajo de forma permanente”; hoy, sin embargo, el tipo de cambio real multilateral se encuentra 28% por debajo del promedio 2000-2026 y acumula una apreciación de 7% en lo que va del año, según el informe citado por Capello (IERAL). Esta afirmación guarda promesa y peligro a la vez: promesa por el aumento esperado de oferta de divisas; peligro porque la historia argentina muestra que el problema no es solo cuánto entra sino cómo se gestionan las expectativas y las instituciones.
¿Qué dicen los números sobre el tipo de cambio?
Según el informe que cita Marcelo Capello, el tipo de cambio real multilateral en abril estaba 28% por debajo del promedio del período 2000-2026, con una apreciación acumulada de 7% desde enero y, en otra comparación temporal, apenas 2% superior al nivel de noviembre de 2023 —todo de acuerdo a los datos difundidos por IERAL en la entrevista. El trabajo también sostiene que Argentina aparece más cara que Brasil en 80% de los productos y más cara que China en 90% de los productos medidos, lo que explica presiones sobre la competitividad externa (IERAL). Estas cifras muestran dos cosas: primero, que el peso sigue relativamente fuerte en términos reales frente a varias canastas; segundo, que esa fortaleza no es homogénea por sectores ni por regiones, de modo que una lectura agregada oculta la dispersión del conocimiento sobre quién gana y quién pierde con cada tipo de cambio.
¿A qué se apuesta con Vaca Muerta y la minería?
La narrativa de Capello es simple y plausible en términos contables: más gas licuado, petróleo y minerales significan más dólares y, por ende, menos presión para un tipo de cambio alto; él fija ese umbral estructural alrededor de 2028-2030 si la inversión y las exportaciones se consolidan (declaraciones en nota de Manuel Adorni / IERAL). Pero la economía no es una caja contable que se llena automáticamente: la magnitud del ingreso de divisas depende de precios internacionales, curvas de inversión, plazos de puesta en marcha y, sobre todo, de contratos y regulaciones que determinen cuánto de ese ingreso queda en manos públicas o privadas. Además, Capello advierte que con equilibrio fiscal la deuda en términos del PBI puede bajar, y que la deuda con el FMI es la más fácil de reprogramar; esa es una condición necesaria pero no suficiente: si el crecimiento se concentra regional y sectorialmente, como él mismo reconoce, aumentará la desigualdad local y el desempleo en áreas metropolitanas que no participan del boom productivo.
¿Cómo puede fracasar la transición y qué hacer?
Aquí aparece la lógica de las consecuencias no intencionadas: liberar hoy el cepo sin reservas suficientes o sin credibilidad fiscal puede detonar una corrida; por eso Capello propone liberar el cepo gradualmente y acumular reservas, una receta técnica que choca con la dispersión del conocimiento y la captura del Estado si la apertura se gestiona opacamente. El riesgo político no es menor: la caída de la recaudación obligaría a ajustes que, mal comunicados o mal focalizados, pueden derivar en pérdida de soporte social y en alternativas políticas que busquen atajos redistributivos —una dinámica que no resolvería la restricción externa sino que la agravaría. La propuesta práctica es clara y modesta: exigir equilibrio fiscal verificable, reglas públicas para la gestión de los ingresos por recursos (contratos, fideicomisos y datos abiertos) y protocolos de transparencia que reduzcan la captura del Estado; en suma, planificar menos en grandilocuencia y más en institucionalidad creíble, porque como recordó Hayek, el conocimiento está disperso y la pretensión de orden total suele fracasar.